Los cambios en la estructura laboral de las profesiones de la salud, la aparición de un nuevo modelo de paciente y de ciudadano, el aumento de la complejidad en la gestión del conocimiento, y la colectivización de los servicios de salud como estrategia para garantizar un acceso equitativo a los mismos, ha significado para la profesión médica el enfrentarse a nuevos desafíos y oportunidades.
Esto ha hecho que cambie la relación entre la profesión médica y la sociedad para gestionar y responder a las expectativas de ambas partes, y el elemento aglutinador de esta relación es la confianza que debe existir entre los médicos y la sociedad. Es por eso que el accionar de los médicos debe estar siempre en conexión con su razón de ser, la respuesta a una petición de ayuda por parte del enfermo.
La confianza de los pacientes depende de lo que se ha exigido el médico en su formación. A mayor esfuerzo de los médicos, mayor confianza por parte del paciente. Esto no es únicamente porque quienes más estudian evidentemente están más preparados, sino porque es signo de carácter.
Un médico de carácter no es indiferente ante las necesidades de los pacientes. Un médico con carácter, que ha sido capaz de esforzarse, el que no busca atajos, por lo general no cae en el proceso de despersonalización, de indiferencia o de frialdad humana. No se convierten en actores de la marginación social y no convierten al paciente en un objeto. Generalmente, a pesar de la tecnología y de los conocimientos, siempre recuerdan que los pacientes son personas con sentimientos y valores.
El fin último del trabajo del médico no es ideológico, no es probar teorías políticas, es mantener o devolver al paciente la salud, y la relación médico paciente es uno de los puntos clave del ejercicio de la medicina. Un buen médico debe tener como objetivo primordial el dar al enfermo la mejor atención con los mejores recursos y circunstancias posibles.
El médico, para tomar decisiones, no debe basarse en las ideas políticas, sino en el sentir propio del paciente, el de sus familiares, y el de la sociedad a la que pertenece. Es una profesión que tiene un componente humanista fundamental, que no tiene una ideología política específica.
En el ejercicio profesional, los médicos transitan por muchos caminos para encontrar nuevas soluciones, y así ayudar a sus semejantes. Esto no es ideológico, es natural en el médico, no se necesita formarse en una escuela socialista o capitalista para que así sea.
También se debe considerar que un médico satisfecho en sus necesidades personales mantendrá una actitud positiva que se verá reflejado en resultados positivos con los enfermos. Esto no es un pecado capitalista, es una realidad. Aquellos médicos que no satisfacen sus necesidades por cualquier razón, altruismo, humanismo o solidaridad, no ejercen de la mejor manera y esto se refleja en resultados negativos con los enfermos.
Aquel médico que tenga interés por la superación profesional no se manifiesta con vulgaridad y siempre huye de la mediocridad, busca retos y trata de aprender de ellos, no buscará su conocimiento donde las cosas son más fáciles.
El médico debe ser sensible a los problemas sociales, debe participar y comprometerse a acciones que beneficien a la sociedad, eso es natural en este profesional, no es resultado de estudiar en un lugar en particular, esto no es cuestión de ideologías políticas.
El mayor bien que un médico puede aportar a la sociedad es, más que sus conocimientos, sus esfuerzos académicos. Se requiere de la preparación de hombres y mujeres íntegros, y buscar el lugar donde los estudios son menos difíciles no es compatible con esto.
Los médicos tienen el compromiso de llevar salud a toda la población, sin importar su cultura ni su estructura política, por lo que es necesario que identifiquen los problemas de salud y generar proyectos para su solución, y los más grandes desafíos en El Salvador, los que deben resolverse, son la inequidad y la ineficiencia en los servicios de salud.
En El Salvador se preparan médicos así, con carácter, por eso es que la población confía en sus médicos, porque sabe que son capaces de grandes esfuerzos. Este mismo fenómeno fue lo que generó en su tiempo las dudas sobre los estudiantes de las universidades privadas hasta que estos le comprobaron a todo el país su capacidad y carácter, y la sociedad comprendió que esto no era exclusividad de una universidad en particular. En El Salvador es un verdadero reto estudiar medicina. Pero fueron los estudiantes de las Universidades Privadas los que probaron esto, no fue el favoritismo de un ministro por razones ideológicas.
Favorecer por razones ideológicas a un grupo de médicos daña a toda la profesión, y es peor si han estudiado donde es menos difícil. Ahora el enfermo no sabrá la capacidad de quien lo está atendiendo, no conocerá de su carácter y no le tendrá confianza a nadie. Por esto es que quien se incorpora al ejercicio de la medicina en El Salvador debe legitimarse. No se puede ser doctor únicamente por un título, debe ser doctor en medicina porque su esfuerzo, sus conocimientos y su carácter así lo demuestran.
Esto ha hecho que cambie la relación entre la profesión médica y la sociedad para gestionar y responder a las expectativas de ambas partes, y el elemento aglutinador de esta relación es la confianza que debe existir entre los médicos y la sociedad. Es por eso que el accionar de los médicos debe estar siempre en conexión con su razón de ser, la respuesta a una petición de ayuda por parte del enfermo.
La confianza de los pacientes depende de lo que se ha exigido el médico en su formación. A mayor esfuerzo de los médicos, mayor confianza por parte del paciente. Esto no es únicamente porque quienes más estudian evidentemente están más preparados, sino porque es signo de carácter.
Un médico de carácter no es indiferente ante las necesidades de los pacientes. Un médico con carácter, que ha sido capaz de esforzarse, el que no busca atajos, por lo general no cae en el proceso de despersonalización, de indiferencia o de frialdad humana. No se convierten en actores de la marginación social y no convierten al paciente en un objeto. Generalmente, a pesar de la tecnología y de los conocimientos, siempre recuerdan que los pacientes son personas con sentimientos y valores.
El fin último del trabajo del médico no es ideológico, no es probar teorías políticas, es mantener o devolver al paciente la salud, y la relación médico paciente es uno de los puntos clave del ejercicio de la medicina. Un buen médico debe tener como objetivo primordial el dar al enfermo la mejor atención con los mejores recursos y circunstancias posibles.
El médico, para tomar decisiones, no debe basarse en las ideas políticas, sino en el sentir propio del paciente, el de sus familiares, y el de la sociedad a la que pertenece. Es una profesión que tiene un componente humanista fundamental, que no tiene una ideología política específica.
En el ejercicio profesional, los médicos transitan por muchos caminos para encontrar nuevas soluciones, y así ayudar a sus semejantes. Esto no es ideológico, es natural en el médico, no se necesita formarse en una escuela socialista o capitalista para que así sea.
También se debe considerar que un médico satisfecho en sus necesidades personales mantendrá una actitud positiva que se verá reflejado en resultados positivos con los enfermos. Esto no es un pecado capitalista, es una realidad. Aquellos médicos que no satisfacen sus necesidades por cualquier razón, altruismo, humanismo o solidaridad, no ejercen de la mejor manera y esto se refleja en resultados negativos con los enfermos.
Aquel médico que tenga interés por la superación profesional no se manifiesta con vulgaridad y siempre huye de la mediocridad, busca retos y trata de aprender de ellos, no buscará su conocimiento donde las cosas son más fáciles.
El médico debe ser sensible a los problemas sociales, debe participar y comprometerse a acciones que beneficien a la sociedad, eso es natural en este profesional, no es resultado de estudiar en un lugar en particular, esto no es cuestión de ideologías políticas.
El mayor bien que un médico puede aportar a la sociedad es, más que sus conocimientos, sus esfuerzos académicos. Se requiere de la preparación de hombres y mujeres íntegros, y buscar el lugar donde los estudios son menos difíciles no es compatible con esto.
Los médicos tienen el compromiso de llevar salud a toda la población, sin importar su cultura ni su estructura política, por lo que es necesario que identifiquen los problemas de salud y generar proyectos para su solución, y los más grandes desafíos en El Salvador, los que deben resolverse, son la inequidad y la ineficiencia en los servicios de salud.
En El Salvador se preparan médicos así, con carácter, por eso es que la población confía en sus médicos, porque sabe que son capaces de grandes esfuerzos. Este mismo fenómeno fue lo que generó en su tiempo las dudas sobre los estudiantes de las universidades privadas hasta que estos le comprobaron a todo el país su capacidad y carácter, y la sociedad comprendió que esto no era exclusividad de una universidad en particular. En El Salvador es un verdadero reto estudiar medicina. Pero fueron los estudiantes de las Universidades Privadas los que probaron esto, no fue el favoritismo de un ministro por razones ideológicas.
Favorecer por razones ideológicas a un grupo de médicos daña a toda la profesión, y es peor si han estudiado donde es menos difícil. Ahora el enfermo no sabrá la capacidad de quien lo está atendiendo, no conocerá de su carácter y no le tendrá confianza a nadie. Por esto es que quien se incorpora al ejercicio de la medicina en El Salvador debe legitimarse. No se puede ser doctor únicamente por un título, debe ser doctor en medicina porque su esfuerzo, sus conocimientos y su carácter así lo demuestran.

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