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El efecto Costa Concordia


El Costa Concordia es un crucero de la clase Concordia propiedad de Costa Cruceros, una empresa italiana. Es el primer buque de la clase Concordia y entró en servicio en julio de 2006. Fue el barco más grande construido en Italia, con 114.500 toneladas.
El 13 de enero de 2012 la nave encalló y abrió en su casco numerosas vías de agua de grandes dimensiones, lo que le llevó a quedar fuertemente escorado en aguas superficiales frente a la isla italiana de Giglio, en la costa de la Toscana, en el mar Mediterráneo, con las graves consecuencias de al menos 16 muertos, al menos 22 desaparecidos y 4200 evacuados.
Se decía que era imposible que un buque de las características del Costa Concordia no podía hundirse; que de hundirse, por los modernos sistema de salvamento, era imposible que hubiera víctimas; que de haber víctimas, la primera sería el capitán. Pero el Costa Concordia se hundió, hubo víctimas y el capitán salió primero abandonando a los pasajeros a su suerte.
Se nos dijo que no había que temer a un gobierno de izquierda; que sería un gobierno que pensaría en los pobres; que resolvería todos los problemas heredados por los gobiernos anteriores; que combatiría la corrupción; que las elecciones impedirían el abuso de Poder y que si lo intentaran el partido de gobierno sería el primero en sufrir las consecuencias. Pero realmente este gobierno ha aumentado la pobreza; no ha resuelto ningún problema, los ha empeorado; no ha combatido la corrupción, es más, la ha aumentado; se han apropiado de la institución responsable de las elecciones, el Tribunal Supremo Electoral, y buscan afianzar su poder en él con el riesgo de fraude electoral; han abusado del Poder e incluso se han apropiado de la Asamblea Legislativa utilizando malos funcionarios; están impidiendo que opositores logren alcanzar puestos donde pueden ser críticos; y parece, por las encuestas, que el partido de gobierno no va a pagar de manera contundente sus pecados.
La diferencia entre un asunto y otro es que el capitán del Costa Concordia está preso mientras que los miembros de este gobierno, los cabecillas de este gobierno encallado y que se hunde, se encuentran felices en sus puestos, disfrutando del poder, engañando a la población e incluso ni siquiera avisan un “sálvese quien pueda”.
Utilizan nuestros impuestos para sus beneficios personales y partidarios; toman decisiones no para lograr los objetivos nacionales, sino sus propias ambiciones; frenan a la oposición con cualquier “picardía”; realizan, como el capitán del Costa Concordia, todas las maniobras desaconsejadas por los manuales de navegación o de gobierno y por supuesto, serán los primeros en ocupar los botes salvavidas, algunos seguirán haciendo lo que siempre han hecho, confabulándose contra la nación; otros se irán a Sur América; otros se irán a su casa “bien gordos”, otros continuarán disfrutando su grado, aún en situación de retiro...
Pueblo Salvadoreño, ¡subamos a bordo y hagamos algo este 11 de marzo, por el amor de Dios y de la Patria!

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